NUNCA ARRIESGO.
NUNCA ARRIESGO....NUNCA.
Hace muchos años que jamás arriesgo. Jamás pongo en riesgo
mis sentimientos. Nunca me expongo al potencial daño o el más mínimo dolor. Con
eso ya he cumplido para tres vidas. Estoy tan quemada que contribuyo al
calentamiento global y al cambio climático sin la más mínima intención; porque
cada curso mi trabajo es intentar concienciar a mis alumnos sobre ello.
No fuiste el último. Arriesgué después, 4 años después.
Afortunadamente, vi la luz a tiempo; porque habría perdido muchísimo más de lo
que hubiese podido perder a tu lado. Durante unos meses llevé en mi dedo anular
una alianza que me hubiese hecho tirar a la basura todo lo luchado en mi vida
hasta entonces, y hubiese hecho de mi futuro un infierno. Pude verlo: tiré esa
alianza a la basura y a esa persona, metafóricamente, por un barranco.
Tú no fuiste el último. Pero fuiste el más importante.
Siempre me partió el alma como terminó, no tendría por qué haber sido así. Por
eso me partió el alma que lo revolvieses diez años después. Después de ti,
nunca volví a confiar en nadie; ni siquiera en quien me puso esa alianza en el
dedo: había plan A, plan B, plan C y plan D.
Tú no fuiste el último. Pero fuiste el más importante. Por
eso me dolió tanto que, cuando maticé que la frase que te había dicho hace diez
años había sido: “Dime la verdad o déjame en paz”; me contestases, ufanamente
bromista: “Y te dejé en paz”. Sí, eso hiciste. En lugar de decirme la verdad,
me dejaste en paz. En lugar de decirme la verdad, desapareciste. Con todo
cuanto decías que me querías, con todos esos planes que TÙ tenías, después de
ocho años; en lugar de decirme la verdad preferiste marcharte. Elegiste no
enfrentarte a la verdad por mí, darte la vuelta, por algo que yo sólo puedo
interpretar como orgullo u egoísmo, e irte.
Y yo me quedé preguntándome durante meses con quien coño
había compartido mi vida durante ocho putos años. Quien coño era esa persona a
la que no conocía. No conocía a la persona con la que había estado ocho años,
con la que había vivido tantas cosas. Era muy estúpida, enormemente estúpida.
Porque la persona con la que yo había estado nunca me haría lo que tú me
estabas haciendo. Aunque, creo que aquella persona con la que pasé los años más
bonitos de mi juventud tampoco me haría lo que hiciste la tarde del miércoles y
continúas haciendo desde entonces. Revolver en el pasado. Abrir en canal una
herida que me costó años y muchas oportunidades coser. Preguntarme si te había
llamado sólo por el libro o era una excusa. Para no responder a mis preguntas.
Para dejar frases sin terminar, soltar al aire temas sin cerrarlos, decirme “ya
te lo explicaré”. Crearme dudas que no llevaba conmigo cuando caminaba para
encontrarme contigo, para no resolvérmelas; para permitirme volver a mi casa
con todas ellas acumuladas en mi cabeza mientras el pasado daba vueltas
alrededor de ellas como un huracán y una frase que habías pronunciado sólo una
hora antes resonaba como un trueno: “ Es que yo a Jacque la quiero mucho”.
Jacque: tu arma, mi puñal. Casi me multan por construír más alto que la puta
Catedral de Santiago de Compostela , mientras , después de 2007, aunque tú no
lo supieses, yo no dejaba de recordar como habías tenido la poquita vergüenza
de presionarme para presentarnos e intentar que fuésemos amiguitas. Y
gilipollas de mí, acepté. Acepté para que dejaras de presionarme. Y tuve que
escuchar con mi mejor sonrisa su peor comentario: “¿Ves cómo no pasaba nada por
conocerme?”. “Y encima prepotente, la muy imbécil”, pensé; pero no se te podía
decir, porque la querías mucho. Y a Jacque no se la podía tocar. Hasta este
miércoles: ¡¿Padrino de su boda, en la que se casó con el tío al que se la pegó
contigo, mientras tú me la pegabas con ella?!. Pffffff…… Y lo solté: “¡Menuda
casa de putas tenéis montada!”. Y la puta frasecita: “Yo a Jacque la quiero
mucho, y no me importa lo que piensen los demás”. No, no te hablo de los demás.
Te hablo de TI. “¿Te estoy preguntando si tu moral te permitió hacer eso?”. Sin
respuesta. O por toda respuesta un “¿Estás bien?”. Ja, porque a estas alturas
ya he asumido que no te querías enterar. HACE MÁS DE DIEZ AÑOS. ¿Todavía sigue
siendo así?. “Sí, estoy cansada; me levanté muy temprano y tuve mucho trabajo”.
Sí, estoy bien, yo siempre estoy bien; ¿no te acuerdas?. Ese fue mi error. Esa
fue mi parte de culpa. Intenté no volver a hacerlo. Hablé: lo vuestro es una
casa de putas. Pero sigues sin querer escuchar. Y mi tarjeta de crédito de
resistencia y paciencia está en números rojos.
Tú, el que dice no al WhatsApp porque la gente dice las
cosas que no tiene valor para decir a la cara; fuiste el primero en hacer eso.
“Este café llevaba 10 años esperándolo. Te eché mucho de menos y, aún ahora, a
veces, pienso en ti. Me hiciste muy feliz al decirme que podía enviarte
mensajes cuando quisiera, si no lo hice esta semana fue por prudencia. Y me
tomaría otro café mañana mismo!”. Es precioso , ¿sabes?. Me encantó leerlo. Se
me aceleró el corazón, me dio un vuelco el estómago. Se me pasaron mil cosas
por la cabeza en un minuto: todas positivas, todas preciosas; buenos recuerdos
y otras cosas que no pueden serlo porque nunca las vivimos… Pero…. Yo no dormí
en toda la noche, yo no pude ir a trabajar al día siguiente… Porque no entiendo
nada. No sé qué es lo que quieres de mí: un salvavidas de la mierda de vida que
dijiste que tienes , de los 10 años de continuos errores de los que hablaste,
una vía de escape, una amante que te haga la vida más amable (te dejé claro que
no iba a jugar ese papel). ¿Qué hago? ¿Qué creo? ¿Lo que me gustaría? Que no
tienes intención de mentirme o dañarme. ¿O lo que los hechos me prueban? Que no
estás siendo claro ni sincero, como habías prometido; que no debería confiar en
ti.
Y sin embargo, ya siento que estoy jugando ese papel que te
dije, y me prometí a mí misma, que no jugaría. Ya estoy aguantando los: “Ahora
no puedo hablar, te llamo cuando pueda”, “tengo poco tiempo para hablar”. Un
WhatsApp con un simple chiste sin respuesta durante 24 horas, y, después, un :
“lo siento, no pude contestar ayer, ¿cómo estás?”. Y al responder con un :
“Hola”….no se me contesta…. Check de recibido...Sin respuesta.
¿Sabes qué es lo más triste? ¿Qué es lo más estúpido de
todo? ¿Qué es lo que jamás nadie creería de mí? Que todas las noches releo las
conversaciones en busca de sentido…. Y porque me gustan las putas migajas que
son esas bonitas palabras; porque no son más que eso, migajas, al no ser
reales. Que me avergüenza que esas palabras me gusten viniendo de ti, porque
contigo siempre me conformé con migajas…. Y estoy haciendo lo mismo otra puta
vez…. Y no tengo 20 años, tengo 37, y una vida que proteger sea como sea. Una
salud mental muy frágil que tengo que mantener estable me cueste lo
que me cueste.
Una buena amiga me preguntó hace 3 horas si estaría
dispuesta a asumir el riesgo contigo. Contigo. De nuevo. Contigo. Y me jodió la
vida no poder contestar un rotundo NO. Se me ha estado yendo la cabeza desde el
miércoles, mucho. Creo que es lo que pretendías. Enhorabuena, lo has
conseguido. Todo estaba perfecto hasta que trajiste el pasado al presente,
hasta que empezaste a hablar de las potenciales veces que nos habíamos podido
ver en estos 10 años, y de aquella vez que nos vimos. En lugar de hablar de
cómo nos había ido a nosotros la vida y de nuestros conocidos comunes; se
convirtió en una conversación sobre nuestra ruptura, sobre determinados
aspectos de la relación…sobre….revolverlo todo sin respuestas, sobre abrirlo
todo de nuevo.
Sé que no me has pedido nada explícitamente, claramente.
Pero me parece significativa tu pregunta, ¿el libro una excusa?. “No quiero
volver a perderte”. ¿Volver a perderme? La despedida…esos dos besos…Esto quizá
sí sea una paranoia mía, pero fue muy extraño.
Lo realmente espantoso para mi...es que, no puedo asegurar
que tuviese el valor para correr el riesgo contigo de nuevo, pero ... todavía
siento algo por ti.... Dios...cómo me duele escribirlo. No me atrevo a decirlo,
no se lo he dicho a nadie. Me lo han preguntado y he mentido. Creo que todavía
te quiero. Joder! Mierda! Cometí el error del milenio llamándote por el puto
libro por mucho valor histórico que tenga, o por muy importante que esa
información pueda ser para mí y mis alumnos. Lo voy a pagar carísimo. Por
eso... si esto sigue así... Si sigues sin ser claro, me tengo que alejar. Tengo
que desaparecer. Prefiero una verdad desagradable a que me confundas, no digas
nada o me mientas. Prefiero un: "lo que quiero es que seas mi amante, mi
vía de escape". Lo voy a aceptar mejor. Sé que no eres feliz, tú me
dijiste. Tú me dijiste que no sabías porque habías vuelto con la madre de tus
hijas hace tres semanas. Por ello, si no eres claro y sincero; tengo que
evaporarme.
Por si incumplieses tu promesa y leyeses esto: sin ninguna
mala intención; y desde el corazón y con toda sinceridad.
Jo March.
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