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EL ARTE DE NO CAER 5.

Llegué tiritando. Era en la quinta, pero no sabía mucho más. No me había dicho el número de habitación. Me metí en el ascensor y, mientras me elevaba piso a piso, salté pasando mi peso de un pie a otro al tiempo que me frotaba las manos. El enorme y laberíntico edificio se encontraba en silencio e iluminado tan solo con una tenue luz. Los enfermos dormían y las enfermeras descansaban en los controles. Ni rastro de Juan. Vagué por los pasillos durante un largo rato. La calefacción estaba alta, muy alta; las mejillas comenzaron a arderme, me quité la chaqueta. Pensé que sería algo así como un mensaje subliminal para que me quedase ingresada con una pulmonía. Por fin, cuando ya iba a salir de coronarias y sacar el móvil del bolso, le vi a través del cristal. Estaba sentado en una silla, en el centro de una sala iluminada únicamente por la luz procedente de las máquinas expendedoras de café y aperitivos; muy quieto, la mirada perdida y los brazos cruzados. Me asomé por la puerta sin hace...

EL ARTE DE NO CAER 4.

Se había hecho tarde. Era casi medianoche. Después de haber caminado un par de minutos recordé el abrigo colgado en el perchero de la entrada, pero no tenía el cuerpo como para volver atrás. El frío, que me calaba hasta los huesos a través de la fina chaqueta del traje, se hacía más intenso al mirar hacia los lados y no ver a nadie entre la neblina de las calles desiertas, me subía por la espalda. Mantenía un buen ritmo a medida que mis manos, desprovistas de guantes, comenzaban a adquirir su característico tono morado. Las odiaba, semejaban las manos de un muerto. Un muerto. Recordé a su padre hospitalizado. No era una sorpresa. Realmente Juan estaba en lo cierto, lo extraño era que no hubiese ocurrido antes. Recordé el tono de autosuficiencia en su voz, pero también recordé el temblor. Por mucho que él mantuviese que se alegraría cuando llegase el momento sabía que no era del todo sincero. Sabía que le dolería, aunque no por él, sí por su madre. A ella solo la había tocado una vez,...

EL ARTE DE NO CAER 1.

EL ARTE DE NO CAER. "Belive in me 'cause I don't belive in anything." Mr Jones. Counting Crows .                                     Lloviznaba débilmente. Se había calmado el frío ártico de los días anteriores. Pero yo lo llevaba en mi interior, aferrado a cada poro de mi piel y a cada órgano de mi cuerpo, como un gélido y permanente iceberg. Caminaba lentamente a un lado de la multitud, alejada de mis supuestos amigos, sola. Deseaba apartarme de aquella hipocresía, porque la odiaba y porque sabía que él la hubiese odiado también. La parafernalia que se había ido forjando sobre falsos suspiros y lágrimas. Y me preguntaba porqué nuestros más cercanos me miraban con compasión, porqué no se compadecían de sí mismos, ¿o acaso él no era también su amigo?          ...